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Foto: Cintra Hardy

Cintra Hardy es voluntaria del Programa de Educación para la Paz (PEP) en Miami, Florida. Durante los últimos dos años, ella y sus compañeros de equipo Jeff Camp y John Hampton han organizado 80 talleres del PEP para las reclusas del Centro de Detención Metro West. Es el mayor correccional del condado de Miami-Dade, con una capacidad para 2000 personas, en el que las mujeres componen el 10 por ciento del número total de reclusos. Cintra comparte algunos de los comentarios de estas mujeres acerca de su búsqueda de la paz interior en prisión.

Foto: Rosanne Friedlander

Oí hablar por primera vez del programa hace algunos años, en una conferencia. Inmediatamente sentí una conexión especial con el programa educativo, concretamente con los talleres que se llevan a cabo en las prisiones. En el galardonado documental Inside Peace, (La paz interior), escuché hablar a un exrecluso del gran impacto que había supuesto para él el programa de educación.

En febrero de 2016 pusimos en marcha talleres semanales para las reclusas del Metro West. Ellas nos cuentan cómo cada semana esperan con impaciencia a que llegue el programa, y cómo desearían que se sucedieran con más frecuencia. Las reclusas son directas y sinceras: si algo suena real, lo notan enseguida, y si no es así, rápidamente pierden interés. Durante la proyección de los videos de Prem Rawat sobre la paz interior y la realización personal, oímos comentarios como: «Este hombre es genial».

La mayoría de las reclusas son madres, y algunas de ellas tienen bebés a los que no pueden ver, lo cual les resulta muy duro. Después de asistir al PEP ―aun tratándose de una sola clase― muchas han comentado: «cuando salga de aquí, voy a compartir esto con mis hijos».

Las mujeres a menudo expresan su reconocimiento por las charlas de Prem. «Intento reflexionar sobre sus palabras y trato de aplicarlas en mi vida», dice una de ellas.

Estos son otros de los comentarios que hemos oído:

«Quizás no puedas creer que una sola persona pueda ayudarte a encontrar la paz interior, pero él sí puede. Me siento renovada»

«La paz es una práctica, tienes que ejercitarla. Cuanto más practicas, mejor te sale. Es una labor en continuo desarrollo. Paz y humildad van de la mano y funciona mejor con humildad».

«Con su compasión por los reclusos, él nos muestra que hay esperanza».

«Hoy, por primera vez, he comprendido muchas cosas. Os recomiendo que vosotros (el equipo del PEP) volváis muchas veces. Pienso que Prem es increíble. Yo tenía adentro mucha rabia cuando empecé a venir aquí. Ahora me siento tranquila, en paz».

Foto: Cintra Hardy

«Vivo en una celda con 60 mujeres. Aquí pasan cosas todo el rato, puede llegar a resultar muy frustrante. Tienes que aprender a relajarte, como él dice: la paz ya está en ti».

A menudo este concepto resulta novedoso para los que asisten al PEP: la paz reside en tu interior. Indudablemente se está produciendo una transformación notable entre las reclusas. Empiezan a comprender que tienen opciones y que pueden elegir vivir de una manera más consciente. Es muy gratificante ver cómo ponen en práctica en su vida diaria los recursos que han aprendido aquí.

Una de las participantes de este curso de 10 semanas expresó el profundo entendimiento obtenido en los talleres, inscribiéndose para una segunda ronda. Con el consentimiento del asesor y del guardia encargado que observaron los beneficios del programa, le pregunté a esta reclusa si le gustaría ayudarme con el equipo audiovisual. «No, ―me contestó―  lo que me gustaría es encargarme de las reflexiones».

Las reflexiones son una sección de los talleres en las se ofrece a los participantes la oportunidad de compartir lo que han aprendido en cada clase. Algo único sucede cuando quien maneja la sección de reflexiones es un interno del presidio que además entiende el mensaje de los talleres. La reclusa escuchó con gran respeto a todos los asistentes y al terminar dijo: «En cada clase, Prem Rawat habla sobre el estar vivo y la respiración. No nos damos cuenta de que todo gira en torno a eso. ¿Si no vas a sentir felicidad y alegría, qué sentido tiene estar vivo?».

Se desprende mucha sabiduría de los participantes, y los voluntarios aprendemos mucho de ellos. Creo que el Programa de Educación para la Paz tiene un alcance universal. Es extraordinario presenciar su valía en acción.

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